Aprendí que la valentía no grita, a veces solo susurra para seguir adelante.

Hay mañanas que comienzan como cualquier otra.
Abres los ojos, respiras, miras a tu alrededor y por unos segundos todo parece normal. Pero hay momentos en los que la vida cambia tanto que incluso despertar se siente diferente.
Para mí, ese momento llegó cuando escuché una palabra que cambiaría mi vida: leucemia.
Recibir un diagnóstico de leucemia es algo para lo que nadie está preparado. De repente aparecen preguntas que nunca imaginaste tener que hacerte.
¿Qué va a pasar ahora?
¿Cómo será mi tratamiento?
¿Voy a poder con esto?
¿Mi vida volverá a ser la misma?
Y junto con las preguntas llegó el miedo.
Cuando recibí mi diagnóstico de leucemia No voy a decir que fui valiente desde el primer momento. No lo fui, tuve miedo. Mucho miedo; Miedo a lo que estaba pasando, Miedo a lo que vendría, Miedo a no saber cómo iba a responder mi cuerpo, Miedo a que mi vida, tal como la conocía, ya no volviera a ser la misma.
En mi caso, el diagnóstico fue de leucemia linfoblástica aguda, y comenzar a entender todo lo que implicaba esta enfermedad fue otro proceso por sí mismo.
Había palabras médicas que antes nunca habían formado parte de mi vida. Había tratamientos, exámenes, hospitalizaciones y resultados que ahora podían cambiar cómo me sentía de un día para otro.
Pero había algo que aprendí muy rápido:
No tenía que entender todo de una sola vez.
Tenía que aprender a vivir un día a la vez.
El miedo también forma parte del camino
Durante mucho tiempo pensé que para ser fuerte tenía que dejar de tener miedo.
Ahora pienso diferente.
Hay días en los que tengo miedo.
Hay días en los que estoy cansada.
Hay días en los que necesito llorar.
Y eso no significa que haya dejado de luchar.
Aprendí que afrontar una enfermedad no significa sentirse fuerte todos los días.
A veces significa simplemente levantarte.
Entrar a una consulta.
Recibir un tratamiento.
Esperar un resultado
Aceptar un día difícil.
Y volver a intentarlo al día siguiente.
Las pequeñas victorias
Con el tiempo comenzaron a aparecer pequeñas victorias.
Una mañana en la que me sentí un poco mejor.
Un momento en el que pude sonreír sin pensar en la enfermedad.
Una conversación que me devolvió tranquilidad.
Un abrazo que me recordó que no estaba sola.
Un resultado que me permitió respirar un poco más tranquila.
Antes quizás habría pensado que esas cosas eran pequeñas.
Ahora no.
Cuando estás atravesando un tratamiento contra la leucemia, aprendes a mirar la vida de otra manera.
Aprendes a celebrar lo que antes parecía cotidiano.
Aprendes que poder levantarte, comer algo, conversar con alguien que quieres o simplemente tener un día tranquilo también puede convertirse en una victoria.
Aprendí que no tengo que vencer el miedo para continuar
El miedo no desapareció de un día para otro.
Simplemente dejó de ocuparlo todo.
Porque descubrí que podía tener miedo y continuar.
Podía estar cansada y continuar.
Podía no saber qué iba a pasar mañana y, aun así, vivir este día.
Hoy sigo aprendiendo a vivir con todo lo que implica este diagnóstico y este proceso. No tengo todas las respuestas y quizás esa sea una de las cosas más difíciles de aceptar. Pero ya no necesito tenerlas todas.
Hoy solo necesito dar el siguiente paso. Y si mañana vuelve el miedo, lo escucharé.
Pero no dejaré que camine delante de mí. Porque ahora sé que, algunas veces, la valentía no grita. A veces simplemente susurra:
«Vamos… un paso más.» 🌱
💜 Lo que quiero que recuerdes
Si acabas de recibir un diagnóstico de leucemia, quiero decirte algo desde mi propia experiencia:
No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
Puedes tener miedo.
Puedes llorar.
Puedes sentirte cansada.
Puedes tener días en los que no quieras hablar con nadie.
Eso también forma parte del camino.
No significa que estés perdiendo.
Significa que eres humana. Y quizás mañana sea difícil. Pero mañana todavía no ha llegado.
Hoy solo tienes que dar un paso.
🌱 Un día a la vez. Un paso a la vez.
Estoy convirtiendo mis experiencias desde el diagnóstico en palabras, con la esperanza de que algún día puedan acompañar a alguien que esté atravesando un camino parecido.
— Katy
