Mi madre me sostuvo cuando mis piernas olvidaron cómo mantenerse firmes y erguidas.
Hay momentos en los que el cuerpo simplemente dice basta. No importa cuánto quieras continuar. No importa cuánto intentes convencerte de que puedes hacerlo.
Hay días en los que las fuerzas simplemente no alcanzan.
Recuerdo uno de esos momentos. Mis piernas estaban débiles. Tan débiles que mantenerme de pie se había convertido en algo difícil. Por unos instantes sentí que mi propio cuerpo ya no podía sostenerme. Y entonces estuvo ella.
Mi mamá.
Cuando mis piernas dejaron de sostenerme
Durante mi tratamiento he aprendido que la leucemia no solamente trae medicamentos, exámenes y hospitales. También trae días en los que tu cuerpo cambia de maneras que nunca imaginaste.
Hay momentos de cansancio.
Momentos de debilidad.
Momentos en los que incluso las cosas más sencillas pueden sentirse enormes.
Ese día, mis piernas simplemente no respondían como yo quería, Intenté mantenerme firme. Pero no pude. Y cuando sentí que iba a caer, mi mamá me sostuvo. No necesitó decir nada.
Simplemente estuvo ahí.
Me abrazó.
Y por un momento dejé de intentar sostenerme sola.
Hay abrazos que dicen más que mil palabras
A veces pensamos que ayudar significa encontrar las palabras correctas. Decir algo que haga desaparecer el miedo. Encontrar una solución, pero ese día entendí que no siempre necesitamos palabras. A veces solo necesitamos que alguien nos sostenga.
Que alguien nos diga, sin decirlo:
«No tienes que hacerlo sola.»
El abrazo de mi mamá no hizo desaparecer la leucemia, No cambió mi tratamiento, No hizo que mis síntomas desaparecieran. Pero hizo algo que en ese momento necesitaba muchísimo:
Me hizo sentir segura.
Y eso también importa.
Cuando el cuerpo está cansado, el corazón también necesita apoyo
Creo que una de las partes más difíciles de atravesar una enfermedad es aceptar que ya no puedes hacer todo como antes. Hay cosas que antes hacía sin pensarlo.
- Caminar.
- Levantarme.
- Salir.
- Hacer mis actividades.
Y de repente algunas de esas cosas comenzaron a requerir más esfuerzo, Tuve que aprender a aceptar ayuda. y para mí, eso tampoco fue fácil.
Siempre queremos sentir que podemos solos. Queremos demostrar que somos fuertes. Queremos decir:
«Estoy bien.»
Incluso cuando no lo estamos.
Pero mi enfermedad me enseñó que aceptar ayuda no me hace débil, al contrario, también hace falta valentía para decir:
«Hoy necesito que me sostengas.»
Mi mamá también está viviendo este camino conmigo
A veces pienso que cuando una persona enferma, toda la familia comienza a vivir la enfermedad de alguna manera.
Yo soy quien recibe los tratamientos.
Yo soy quien siente los cambios en mi cuerpo.
Pero mi mamá también siente miedo.
También se preocupa.
También tiene días difíciles.
Y aun así, muchas veces intenta ser fuerte frente a mí.
Por eso aquel abrazo significó tanto.
Porque en ese momento no era solamente mi madre ayudándome a mantenerme de pie.
Era una persona que amo recordándome que no tenía que enfrentar este camino sola.
Hay medicinas que no vienen en una receta
La medicina es una parte fundamental de mi tratamiento, Los médicos, los medicamentos, los controles y cada una de las personas que trabajan para ayudarme son importantes en este camino. Pero también he aprendido que existen otras cosas que necesito para seguir adelante.
Un abrazo.
Una conversación.
Una mano tomada.
Una sonrisa.
Una persona sentada a mi lado cuando no quiero hablar.
Un «aquí estoy» cuando siento que no puedo más.
No reemplazan la medicina. Pero acompañan el corazón mientras la medicina hace su trabajo y en algunos momentos, eso puede significarlo todo.
Hoy entiendo el verdadero significado de estar acompañado
Antes quizás pensaba que ser fuerte significaba poder hacerlo todo sola.
Hoy ya no.
Hoy entiendo que también puedo ser fuerte mientras alguien me sostiene.
Puedo llorar en los brazos de mi mamá.
Puedo decir que tengo miedo.
Puedo admitir que estoy cansada.
Puedo necesitar ayuda.
Y seguir siendo fuerte.
Porque esta enfermedad me ha enseñado que la fuerza no siempre significa mantenerse de pie. A veces la fuerza también significa dejar que alguien te sostenga cuando tus piernas ya no pueden hacerlo.
Ese día mi mamá sostuvo mi cuerpo. pero, de alguna manera, también sostuvo mi corazón.
Y aunque el abrazo no pudo curar mi enfermedad, sí pudo aliviar por un momento algo que también necesitaba atención: mi miedo.
Por eso guardo ese momento en mi memoria. Porque hay abrazos que no aparecen en ninguna receta médica. Pero que uno recuerda para siempre.
🌱 Y cuando ya no pude dar un paso sola, descubrí que también estaba bien dejar que alguien caminara conmigo.
Un día a la vez.
Un paso a la vez.
— Katy
