Lo que la quimioterapia no pudo quitarme

Perdí el cabello, pero encontré una fuerza que no sabía que existía en mí.

Cuando escuché que tendría que comenzar la quimioterapia, tenía muchas preguntas. Pero entre todas las cosas que me preocupaban, había una que quizás parecía pequeña comparada con todo lo demás: mi cabello.

Puede parecer superficial preocuparse por algo así cuando estás enfrentando una enfermedad como la leucemia.

Pero no lo era.

Mi cabello había sido parte de mi identidad durante años. Era parte de cómo me veía, de cómo me reconocía frente al espejo. Y pensar que la quimioterapia podía quitármelo hizo que todo aquello que estaba pasando se sintiera todavía más real.

Ya no era solamente una palabra.
Ya no era solamente un diagnóstico.
Era mi vida cambiando delante de mis ojos.

Cuando comencé a ver los cambios

La quimioterapia empezó a formar parte de mis días.

Hospitales, medicamentos, exámenes, cansancio, cambios en mi cuerpo… poco a poco fui entendiendo que el tratamiento no solo iba a afectar mi rutina.

También iba a cambiar mi apariencia. Y entonces llegó ese momento que había estado tratando de evitar. Mi cabello comenzó a caer.

Al principio quise creer que quizás no sería tanto.

Pero cada día podía notar un poco más. Cabellos en la almohada. Cabellos en la ducha. Cabellos entre mis manos. Hasta que llegó un momento en el que ya no podía ignorarlo.

La caída del cabello durante la quimioterapia se convirtió en una de las primeras señales visibles de que mi cuerpo estaba atravesando algo completamente diferente.

Y sí, me dolió.

Me miré al espejo y por un momento sentí que estaba perdiendo una parte de mí.

Aprendí a mirarme de otra manera

Creo que una de las cosas más difíciles de una enfermedad no siempre son los procedimientos médicos.

A veces es lo que sucede cuando te miras al espejo.

Porque el espejo te devuelve una imagen que quizás ya no reconoces.

Mi cabello comenzó a desaparecer, pero también comenzaron a cambiar otras cosas.

Mi cuerpo.
Mi energía.
Mi rutina.
Mi forma de vivir cada día.

Y tuve que aprender algo que nunca imaginé que tendría que aprender:

seguir reconociéndome incluso cuando mi apariencia estaba cambiando.

No siempre fue fácil. Hubo días en los que me sentí triste. Días en los que no quería verme. Días en los que extrañaba cómo era antes. Y creo que está bien admitirlo.

No tengo que fingir que perder el cabello no me afectó. Me afectó. Pero también descubrí que yo era mucho más que mi cabello.

La quimioterapia me quitó algo, pero también me enseñó

Con el tiempo entendí que la quimioterapia estaba haciendo cambios en mi cuerpo que yo no podía controlar. Pero había algo que sí podía decidir:

cómo quería enfrentar esos cambios.

No siempre podía decidir cómo me iba a sentir.
No podía controlar todos los efectos secundarios del tratamiento.
No podía saber exactamente cómo sería el día siguiente.
Pero podía intentar seguir adelante.
Y ahí comencé a descubrir una fuerza que no sabía que existía en mí.
Una fuerza que no apareció porque dejé de tener miedo.
Apareció precisamente porque tenía miedo y aun así continué.

Hay cosas que el cáncer no puede quitarme

La enfermedad ha cambiado muchas cosas en mi vida. la quimioterapia también. Pero hay cosas que siguen siendo mías.

Mis recuerdos.
Mis sueños.
Las personas que amo.
Las conversaciones que me hacen sonreír.
Los momentos pequeños que ahora valoro muchísimo más.
Y, sobre todo, mi manera de decidir quién quiero ser frente a todo esto.
Mi cabello puede volver.
Mi apariencia puede cambiar nuevamente.
Mi cuerpo puede seguir transformándose.

Pero hay algo que descubrí durante este proceso: no necesito verme como antes para seguir siendo yo.

Sigo siendo Katy.

La misma que tenía sueños. La misma que reía por cosas pequeñas.La misma que hacía planes para el futuro.Solo que ahora conozco una versión de mí que antes no conocía. Una versión que ha aprendido a resistir, A esperar, A llorar, A levantarse. Y a seguir.

La fuerza que no sabía que tenía

Si pudiera volver al día en que comenzó todo, quizás abrazaría a aquella Katy que tenía miedo de perder su cabello.

Le diría que sí, que iba a doler, Que habría días difíciles. Que no todo sería fácil, Pero también le diría algo que todavía estoy aprendiendo:

vas a descubrir que eres mucho más fuerte de lo que imaginabas.

Porque la quimioterapia pudo quitarme el cabello.
Pudo cambiar mi cuerpo.
Pudo cambiar mi rutina.
Pero no pudo quitarme mis ganas de seguir viviendo.
No pudo quitarme mis sueños.
No pudo quitarme el amor de las personas que caminan conmigo.
Y no pudo quitarme la esperanza.

Hoy, cuando me miro al espejo, intento no preguntarme solamente qué cambió, También intento preguntarme:

¿qué descubrí de mí que antes no conocía?

Y la respuesta siempre me lleva al mismo lugar. Descubrí que dentro de mí había una fuerza que todavía no conocía. Una fuerza que apareció cuando más la necesitaba.

🌱 Perdí el cabello, pero encontré una fuerza que no sabía que existía en mí.

Y quizás eso también sea parte de aprender a caminar:

un día a la vez, un paso a la vez.

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